martes, 5 de mayo de 2009

El clóset de Lua: Han sido mis celos los que te pusieron la trampa…

Han sido mis celos los que te pusieron la trampa…

Queridas pocas lestoras, con optimismo pienso que se preguntarán dónde he estado. Como en este gran clóset no caben secretos entre ustedes y yo, les contestaré: escribiendo, no para ustedes sino para mi amante secreta, que al final no resultó ni amante ni secreta y casi me cuesta mi relación con Ella.

Pero vamos pian pianito. No quiero que me vayan a creer una infiel, digo, por si alguna de ustedes ya se estaba animando para coquetear conmigo. Todo empezó cuando ella y yo tuvimos la idea de jugar con personalidades ficticias. Éramos dos mujeres que nos amábamos a escondidas. No, no jugábamos a ser lesbianas de clóset, sino que nos amábamos a escondidas de nuestras parejas que de paso también eran inventadas.

La sensualidad y frenesí sexual que trajo este juego hizo que Ella sugiriera hacer una historia más larga y completa: inspírate, me demandó.

El poder que Ella puso en mis manos fue mucho para que ésta, su servilleta de ustedes, lo pudiera manejar. Por lo tanto ese inspírate hizo de verdad inspirarme. Casi escribí una novela en mi mente, y procedí a hacerla guión y después a actuarla. Ya sé que las lesbianas somos unas exageradas, pero esta vez sí me excedí.

Ya teniendo mi guión, le di una manita de gato para que pareciera un tanto verosímil. Estaba muy animada, era el momento de comenzar a actuar, así que me involucré con mi papel a representar. Decidí abrir una nueva cuenta de correo electrónico y presentarme ante Ella, le mandé una gran carta explicando con lujo de detalle de cómo yo, que ya no era yo sino Galatea, había conseguido su dirección y cómo había sabido de su existencia. Recuerdo que mi carta iniciaba con algo como:

Ya tiene bastante tiempo, más de lo que tú crees, pero apenas me atrevo a mandarte este correo. No te espantes, no te estoy vigilando. Mi mayor delito en la vida sería la necesidad que tengo de averiguar si las casualidades existen.

No, no soy compañera de tus clases pero sé que te llamas (inserte el verdadero nombre de Ella), que tienes (inserte la edad de Ella) años, de sexo femenino, y que tienes entre seis y quince focos en tu casa.

Así es, mis queridas lestoras, estaba dando el paso de mala cronista de mi vida, a ser una persona con inventiva. Tanto me la creí que ya pensaba abandonar las filas de este blog y dedicarme a escribir novelas lésbicas.

El orgullo de escritora se terminó cuando Ella, por medio de Internet, mantuvo una conversación secreta con Galatea a la par de que conversaba conmigo. Entonces, yo estaba dividida en dos, primero tenía que mentalizarme como Galatea y ser una hábil fémina alfa, mientras que como novia celosa preguntaba: ¿con quién hablas?, ¿por qué casi no me respondes?

De pronto me di cuenta de algo: Ella ya no entendía que era un juego, (bueno, de mí no hablemos). Primero me preguntó si para mí la palabra alecrim decía algo. Ah, claro que me decía algo: así era mi apellido ficticio, pero yo seguí jugando y negué. Ella me decía: pues creí que te interesaba, es tu apellido en portugués, tú deberías de saber. Entonces le pedí que me mostrara dónde había visto tal apellido; Ella, sincera, señaló que en un correo. Yo pedí que me lo enseñara y Ella, muy molesta, me reclamó por involucrarme en su vida privada. Pues claro, yo no tenía derecho de ver sus correos.

Noté que las cosas comenzaban a salirse de control. Desesperada yo decía: amarillo, amarillo, amarillo. Amarillo es nuestra señal para saber que, si se sigue por ese camino, tendremos que dejar el juego, es estar a un paso del rojo. Pero Ella seguía reclamando que yo y que su vida privada y que la manga del muerto, y muy enojada se fue. Me dejó diciendo: amarillo, amarillo, voy a parar.

Le marqué como lesbiana desesperada (o sea como un millón de veces) a su celular, y no me contestaba. Cuando por fin me contestó lo primero que le dije fue: era un juego, un juego, un simple juego.

Ella: ¿te refieres a la trampa que me pusiste?

Así es, mis escasas lestoras, para mí un juego y para Ella una trampa malévola con la que yo pensaba cacharla en la infidelidad. En mi mente rebotaba una salsa:

Desnúdate ahora y apaga la luz un instante y hazme el amor como lo haces con esos amantes.

Te juro que hoy es la
última vez que te burlas de mí, que me engañas.

Y fueron mis manos las que te escribieron la carta,
han sido mis celos los que te pusieron la trampa.

El frenesí se acabó. En fin, tengan cuidado con hacer realidad sus fantasías. Por lo pronto ya estoy de regreso con ustedes.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

que bueno que escribiste otra ves. Espero que tu novia ya no este enojada.

Karla dijo...

Jojo...si es bueno tenerte de vuelta!

Y pues, no se si sea bueno o sea malo pero siempre me quede con las ganas de hacer algo asi jaja xD...aunque claro, después no fue necesario ya que se desenmascaro ella solita jaja...

Saludos!! :)

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